‘Soy el hijo de una mujer víctima de feminicidio’

Andrés lucha para demostrar que pese al testimonio del ex esposo de su madre, ella no se suicidó.

Una lideresa, una mujer referente y emprendedora, así era Gladys Rodríguez Cañón para las personas que la conocían. Tenía 53 años, era rectora y dueña del colegio Liceo Pedagógico Cundinamarca S.A.S, en Soacha (Cundinamarca), había invertido en una editorial en el exterior y tenía muchos planes para el futuro. Eso es lo que recuerda Andrés Rodríguez, su hijo mayor, quien todos los días lucha para esclarecer qué pasó el 10 de octubre del 2018, cuando lo llamaron a decirle que su mamá se había suicidado esa madrugada.

Lo primero que él pensó es que no podía ser cierto. En cuanto pudo tomó un vuelo desde Buenos Aires (Argentina), en donde residía en ese momento; en medio de la angustia y la incertidumbre llegó a Bogotá el 11 de octubre, a las 2:00 de la madrugada.

En ese lapso, cuenta Andrés, nunca recibió un mensaje de Jorge Enrique Pulido Gaviria, el hombre con el que su madre había compartido casi 27 años de su vida. Y con quien ella estaba la noche en la que murió.

Esa semana de octubre, Gladys y su exesposo habían viajado a Santa Marta (Magdalena), en donde ella tenía un apartamento para vacacionar. Junto a ellos fueron Lilia y María del Jesús, madre y tía de Pulido. El propósito del viaje, de acuerdo con lo que ha podido averiguar Andrés, era reconciliarse como pareja, pues su mamá había terminado su relación en mayo del 2017, por una infidelidad. Trabajaban juntos en el colegio que ella dirigía, en donde él se había involucrado con la madre de un estudiante.

Durante el tiempo que estuvieron separados, Gladys empezó a emprender nuevos proyectos y a tener una vida más libre. Para su familia, era una mujer más reservada y alejada de sus seres queridos cuando estaba con él, por lo que creían que su relación no era sana.

“Ella se dio cuenta de que podía vivir sin él y de que su vida iba más allá de su pareja. Era una mujer muy empoderada, pero este hombre siempre tuvo los artilugios para tenerla a su lado y convencerla de que él era el único que podía protegerla de los demás”, explica Andrés. Además, afirma que en esta relación sentimental ella afrontaba violencia psicológica, patrimonial y económica por parte de quien decía quererla.

En agosto del 2018, el hombre regresó a la casa en donde ella vivía, en Mosquera (Cundinamarca). “Mi mamá me dijo que él llegó con maletas y que ella no quería pelear, porque la casa también era de él”. Esa fue la explicación que Gladys le dio a su hijo, cuando él supo que estaban viviendo juntos de nuevo. Dos meses después viajaron a Santa Marta.

A las 6:00 de la mañana de ese doloroso día de octubre, Andrés recibió una llamada que le cambió la vida a él y a su familia. Su madre, esa mujer lúcida, intelectual y soñadora que conocía, había caído desde un balcón del piso 17 del edificio Wind, en el sector Playa Salguero, en Santa Marta. Los planes de viajar a Medio Oriente, llevar a sus dos nietos a conocer los parques de Disney, en Orlando, así como dejar su carrera de pedagoga para emprender nuevos negocios como independiente, se esfumaron.

La única persona que presenció el hecho y que podría contar qué fue lo que pasó era Pulido. “Pero no me dio una explicación. Incluso, me decía que él no tenía por qué hacerlo”, cuenta Andrés, cuando recuerda cómo fue el primer encuentro con esa persona que conocía desde que tenía nueve años.

En diciembre del 2018, tras meses de pedir una respuesta y no recibirla, Andrés logró hablar con él. Pulido, el ahora gerente del colegio de su madre, le había negado la entrada al lugar hasta que consiguiera un fallo judicial que lo acreditara como heredero de ella. Una vez lo obtuvo fue a buscarlo. “Ya que nadie me ha querido decir qué fue lo que pasó, dígame usted”, le pidió.

Entonces accedió a narrarle los hechos. De acuerdo con su relato, esa noche él y Gladys se habían reunido con dos vecinos, con quienes estuvieron hasta la una de la mañana. Cuando terminó este encuentro y ellos se fueron, tuvieron una discusión sobre la infidelidad que terminó su relación. Según Pulido, ella estaba bajo los efectos del alcohol, aunque Andrés niega que su madre bebiera.

“Mi mamá lo increpó, se fue a otra habitación, salió por una puerta hacia el balcón, se acercó a donde él estaba y le dijo ‘ya no aguanto esto, me voy a suicidar’. Botó la puerta, salió a correr y se lanzó. Él dice que no la alcanzó”. Eso es lo que, según Andrés, le contó la expareja de su madre.

Del matrimonio entre ambos nació Jorge, su medio hermano menor. Para Andrés, no es claro por qué Pulido le contó la noticia a su hijo tres horas después de lo sucedido. De acuerdo con las cámaras de seguridad del edificio y de su declaración, Gladys cayó del balcón cerca de las 3:00 a.m. ; pero fue hasta las 6:00 a. m. que llamó a Jorge para contarle que su madre había muerto. La primera en enterarse y viajar hasta Santa Marta fue Sandra Patricia Pulido, hermana del hombre.

“Jorge había manifestado que su padre era manipulador. Inclusive, quien pidió que se investigara como un feminicidio fue él, porque yo estaba en Argentina”, cuenta Andrés sobre su hermano. Sin embargo, días después de haberle dicho esto, la opinión de Jorge sobre la muerte de su mamá cambió.

Otra duda que lo asalta es por qué si Lilia y María del Jesús estaban en el apartamento esa noche, no vieron lo que sucedió. Al día de hoy, ninguna de las dos ha hablado con él o con alguien más de la familia. De hecho, dieron su testimonio ante las autoridades ocho meses después de la caída de Gladys.

“Las actuaciones de las autoridades, las primeras horas, fueron paupérrimas. No acordonaron el lugar, no entrevistaron a nadie más que a este señor, quien tuvo el celular de mi mamá hasta ocho meses después”, cuenta Andrés lleno de impotencia. El 26 de diciembre del 2018, el caso pasó a la Fiscalía 30 seccional de Santa Marta, momento en el que se empezaron a adelantar más actuaciones judiciales. Pero para Andrés, si en octubre las autoridades hubieran sido más rigurosas y hubieran manejado la muerte de su madre con un enfoque de género, el proceso estaría avanzando con mayor rapidez.

Este hijo, que desde entonces no ha descansado y no lo hará hasta saber qué fue lo que le pasó a su mamá, sigue sin creer que se haya lanzado voluntariamente de ese balcón. “Alguna vez, en el 2015, hablamos del suicidio y ella me decía que nunca se suicidaría porque amaba la vida. Decía que le faltaba mucho por hacer y por conocer”, recuerda.

“Si me preguntan a mí, Jorge Enrique Pulido asesinó a mi mamá, pero no soy yo quien decide”, dice Andrés contundentemente. La investigación que está adelantando la Fiscalía 30, según lo evidencia un documento oficial, es para esclarecer un delito de homicidio. Esto lo alienta un poco y reconoce que pese a las limitaciones, el fiscal que ahora está encargado del caso ha hecho lo que le ha correspondido.

Para Andrés, el dinero y las propiedades que tenía Gladys son la razón principal por la cual su expareja tendría motivos para cometer este crimen. De acuerdo con él, meses previos a su muerte, ella “le había manifestado a una amiga que tenía miedo de Jorge, porque las cosas podían terminar mal y él era muy ambicioso”. Por ahora, está a la espera de que sean las autoridades quienes puedan esclarecer esto. La siguiente prueba que se hará es un dictamen pericial psicológico, para determinar si su mamá tenía el perfil de una persona suicida.

Casi dos años después de su muerte, la verdad parece no estar cerca. Su hijo se ha abanderado de esta causa, no solo para recordar su memoria, si no la de todas las mujeres que son víctimas de violencia de género y que mueren a manos de sus victimarios. Por eso asiste a marchas, a conversatorios y lucha contra estas agresiones. En todos los espacios insiste en que su mamá, que lo tuvo cuando tenía apenas 17 años, es víctima de un atroz feminicidio.

“Yo he transformado este dolor en honor. Hace muchísimo tiempo me levanté y quiero que el caso de mi mamá sea simbólico; que le sirva a la justicia para que entienda que está fallando en muchas cosas”, reflexiona Andrés.

Espera que algún día la violencia de género no le cueste la vida e integridad a ninguna otra mujer.

Fuente: El Tiempo.

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